Cada uno
de estos procesos se da de diferentes maneras en la producción de los metales
no ferrosos, incluso en la producción algunos no se dan todos.
Extracción.
Los metales no
ferrosos provienen de minerales que se pueden encontrar en la superficie de la
tierra o bien en yacimientos bajo la superficie. En ambos casos se deben seguir
técnicas de explotación eficientes y rentables.
Refinado o
concentrado, también conocido como preparación.
Los
minerales de los que se obtienen los metales no ferrosos nunca se encuentra en
estado puro y en cantidades comerciales, por lo que se deben separar y preparar.
Entre los procesos de preparación más utilizados está el pulverizar al
mineral y luego mezclarlo con agua y un aceite, para que al aplicar una acción
violenta se forme espuma en la que los elementos metálicos quedan suspendidos.
Posteriormente se retira la espuma y con ella los minerales necesarios para la
producción de los metales no ferrosos.
Fusión.
Los hornos más utilizados para la fusión de los minerales de metales no
ferrosos son los altos hornos (de menor tamaño que los de arrabio) y los hornos
de reverbero (aquellos en los que la flama ilumina a la carga). Aunque no todos
los metales no ferrosos necesitan ser fundidos primero para ser procesados.
En los
hornos para la producción de los metales no ferrosos siempre existen equipos
para el control de las emisiones de polvo. Más que una medida de control de la
contaminación ambiental es una necesidad, ya que los polvos son valiosos porque
tienen el mineral que se está procesando o porque de esos polvos se pueden
obtener otros materiales con un valor representativo o rentable.
Afinado.
Para lograr las características de calidad y pureza necesarias en los metales
no ferrosos se pueden utilizar diferentes procesos como las tinas electrolíticas
con las que el mineral adquiere niveles de calidad muy altos.
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